lunes, 21 de noviembre de 2016

Saga DAN FOSTER.

DAN FOSTER es el título genérico de una serie de thrillers novelísticos, protagonizados por un periodista reconvertido en escritor-investigador de temas internacionales impactantes.
Hasta ahora se han publicados dos entregas de la saga:

LA PÚRPURA NEGRA: la historia de un Papa progresista que, al intentar renovar la Iglesia, provoca que se pongan en marcha tres conspiraciones internacionales para asesinarle. Un apasionante thriller que, además, encierra una maravillosa historia de amor entre el citado Pontífice y una galerista de arte italiana. Esta novela contiene una serie de increíbles premoniciones, hasta ahora catorce,  sobre la vida y el papado del Papa Francisco.

CURRÍCULUM MORTIS: Dan Foster investiga por qué después de cincuenta años no sabemos quién ordenó asesinar a Kennedy ni cómo murió Marilyn Monroe, descubriendo un gigantesco montaje que cambia en gran medida la historia oficial del siglo XX.
La saga DAN FOSTER es pura literatura de entretenimiento, ya que está diseñada para enganchar a un gran número de lectores partiendo de estas claves:

***Un planteamiento rápido y original.
***Un desarrollo trepidante e imprevisible.
***Y un desenlace lógico e inesperado.

Más información en Saga DAN FOSTER


viernes, 12 de diciembre de 2014

CURRÍCULUM MORTIS, nueva reseña.



"Luis Murillo realza en Currículum Mortis una gran habilidad para recrear una trama repleta de misterio en torno a la figura de John Kennedy y la actriz Marilyn Monroe

Es una novela que posee todos los ingredientes necesarios para pasar no solo un buen rato, sino que además reconoces el ingenio de su autor al colocar al protagonista en un montón de problemas que no solo le afectarán a él, sino a varias personas de su entorno. Lectura absolutamente recomendable.

No cabe la menor duda, que tras la portada del libro que nos vamos a ocupar en esta reseña, se esconde un argumento digno de Hollywood, John F Kennedy y Marilyn Monroe incitan a leerlo, la infinidad de historias que se han tejido en su entorno, sin duda despertarán tu interés por conocer lo que se esconde dentro.

Después de haber conocido a Dan Foster en la “Púrpura Negra” en donde seguir la narración, adentrarnos en la historia y enfrentarnos a un final de verdadero vértigo, no fue difícil, Luis Murillo sabe captar la atención del lector desde la primera página y en esta segunda novela, tampoco ha sido diferente pues, ha escogido al trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John F Kennedy y los sucesos ocurridos durante las décadas del 50 y del 60, escogiendo para el desarrollo de su novela, el magnicidio de Dallas en 1963 así como también, la muerte en extrañas circunstancias de Marilyn Monroe, por aquel entonces, un ícono sexual tanto por su belleza, su melena rubia platino, así como también por los amoríos que le relacionaban con Kennedy, todo esto unido a la gran imaginación de Murillo, le sirven como introducción para desarrollar una historia que le llevarán a investigar en un pasado oscuro y sensible de la historia norteamericana.

Lola Portal a quien ya conociéramos en “La púrpura negra”, una editora cuyo carácter es muy fuerte y que hace gala a su lenguaje soez, le encarga a Foster un libro relacionado con “asesinatos masivos”, con este propósito el escritor se desplaza a Estados Unidos para indagar qué motivos son los que inducen a una persona a usar un arma de fuego, disparar y matar porque sí o, para ocultar otro crimen.

Este es el punto de partida de esta trama, la investigación le llevará a seguir algunas pistas tras la desaparición de la sobrina de Lola y desde aquí, una serie de acontecimientos le involucrarán con una agente de la CIA y juntos, comenzarán a desentrañar sucesos que ocurrían paralelamente sin ninguna explicación.

La narración está escrita del tal manera, que es absolutamente entretenida, sin dejar de lado los muchos sobresaltos, vueltas de tuerca, giros imprevistos y una serie de personajes cuya finalidad es amargarle la vida a Foster y poner trabas para que no pueda avanzar en sus investigaciones en relación a algunas muertes producidas con una ampollas de dudoso origen que, supuestamente, frenan el envejecimiento las cuales resultarán ser una simple pantalla para que no salga a la luz un secreto que ha jurado defender con su vida otro personaje, Richard Parker.

Directo, agudo y sin rodeos, Murillo va conformando una narración que te dejará pensando, que te hará consultar algunos pasajes de la historia estadounidense solo para comprobar cuánta ficción hay en lo que nos cuenta, está claro que no pudo escoger un momento más idóneo para escribir esta novela, pues te aseguro que ningún capítulo te parecerá fuera de lugar, en su conjunto es un gran mérito para entender el entorno y los misterios que aun cubren a esta pareja tan famosa de los años 60".


María Loreto Navarro, en DE LECTURA OBLIGADA

lunes, 3 de noviembre de 2014

Reseña de "LA PÚRPURA NEGRA" en el blog DE LECTURA OBLIGADA


27OCT

La Púrpura Negra es un apasionante thriller de misterio que aúna de manera admirable entretenimiento y calidad literaria, profundidad ideológica e interés creciente hasta su espectacular desenlace.

«Debo confesar que este libro me llamó la atención por la publicidad que se hacía de él en diversos grupos y clubes de lectura, se decía que el autor se había adelantado a ciertos acontecimientos acaecidos en torno al nombramiento del sumo pontífice Francisco, nuestro actual Papa» Loreto Navarro.
«La esencia y la verdad del cristianismo entremezcladas con argumentos dignos del mejor thriller.» Inigodejuana.
Entrevista a Luis Murillo en De lectura Obligada: aquí.

Portada de la novela
Portada de la novela
Datos del libro
Sinopsis
Muere en Roma el Papa. El colegio cardenalicio, dividido profundamente entre conservadores y progresistas, no se pone de acuerdo a la hora de elegir al nuevo Pontífice. Finalmente, coinciden en votar una candidatura de compromiso en la persona de monseñor Mendoza, primado de la Iglesia argentina.
La elección papal impacta brutalmente en el ánimo del cardenal Mendoza ya que tenía decidido abandonar su condición eclesiástica al finalizar el cónclave. Una decisión motivada por una grave crisis de fe, agudizada al haberse enamorado de una galerista de arte italiana. El purpurado argentino ve la mano de Dios en la decisión de los cardenales y acepta el Papado adoptando el nombre de Adriano VII.
Durante la misa inaugural de su Pontificado, pronuncia una homilía que supone una refundación del catolicismo. En ella expresa su decisión de democratizar la Iglesia, vender sus riquezas para erradicar el hambre del mundo, despenalizar los anticonceptivos, aceptar el divorcio católico y el matrimonio homosexual, así como abolir el celibato obligatorio de los sacerdotes. Y en un discurso posterior, se alinea abiertamente con Estados Unidos en contra del fundamentalismo islámico y del radicalismo marxista del eje bolivariano, los cuales amenazan a la civilización occidental ante la pasividad de las democracias europeas.
Las decisiones morales y políticas de Adriano VII generan un auténtico terremoto, no sólo en la Iglesia, sino también en el terreno de la política internacional. Su firmeza le crea numerosos enemigos e, irremediablemente, surgen varias conspiraciones para matarlo. Planes de asesinato que intentarán abortar el escritor español Dan Foster, un monseñor ex-agente de la CIA y la mujer que está enamorada del Papa.
Reseña
Desde que leí este libro, me sigue rondando por la cabeza la idea de que, Luis Murillo, pudiera adelantarse tanto a un hecho concreto y que tiene directa relación con el nombramiento del papa actual, quizá su visión de escritor le hizo avizorar tal acontecimiento, sin siquiera planearlo.
El caso es que “La púrpura negra” es un libro que leí en un abrir y cerrar de ojos, tanto su contenido como estructura, están tan bien hilvanadas que es imposible dejar de leer, pues tras cada página leída, la invitación quedaba abierta para seguir leyendo la siguiente.
Tal como dice la sinopsis, muere el papa y este evento puntual y como en todas las oportunidades que ha fallecido un pontífice, la curia se reúne en conclave para elegir, de acuerdo a una serie de preceptos, al hombre que será el sustito en el trono de San Pedro.
En este marco, nos situaremos directamente en la Ciudad del Vaticano, lugar en el que se han dado cita los cardenales con derecho a voto, tras muchas deliberaciones, el Cardenal Mendoza es elegido como Sumo Pontífice, adoptando el nombre de Adriano VII.
Un papa que viene a renovar entre otras cosas, el papel de la mujer en la iglesia, situación que dará paso a una serie de acontecimientos tales como: persecuciones, asesinos a sueldo, inoculaciones de agentes cancerígenos muy agresivos todos con el propósito de acabar con los días del recién nombrado papa, lo cual convierte la novela en un thriller que aportará mucho suspense, nerviosismo y una gran interrogante, ¿será capaz, Dan Foster, el periodista que está investigando la sucesión en el Vaticano y que da nombre a la trilogía, de dar con la llave que le lleve a descubrir por qué el papa se ausenta de la santa sede, quién quiere terminar con sus días y qué papel desempeña la señorita Montini?.
En otro escenario, un erudito estudia la profecía de San Malaquías, una serie de palabras sueltas que no dan muchas pistas acerca del contenido real, mantendrá a este personaje estudiando estas claves a lo largo de toda la novela, en tanto, se seguirán sucediendo los capítulos a velocidad de vértigo en donde también conoceremos a la ya mencionada Claudia Patricia Montini, dueña de una importante galería de arte en Roma a la que se le unirán varios personajes secundarios que darán muchas vueltas de tuerca al argumento.
Murillo no pierde la oportunidad de llevarnos de paseo por algunos lugares de Europa, sobre todo España e Italia, sin exagerar en detalladas descripciones, es capaz de describir un entorno y hacernos sentir parte de los muchos vericuetos a los que se verá enfrentado Dan Foster, una novela a tener en cuenta si lo que quieres es disfrutar.

domingo, 13 de julio de 2014

LECTURA IDEAL PARA EL VERANO

Los dos apasionantes thrillers de la Saga Dan Foster: 

LA PÚRPURA NEGRA: increíbles premoniciones sobre el Papa actual con una maravillosa y trágica historia de amor. 

Y CURRÍCULUM MORTIS: por qué después de 50 años no sabemos quien asesinó a Kennedy ni cómo murió Marylin Monroe. ¿Qué nexo de unión tuvieron ambas muertes? ¿Murieron de verdad...?
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SAGA DAN FOSTER La labor creativa de los ...
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SAGA DAN FOSTER La labor creativa de los miembros del equipo de CREAMUNDI no se reduce al campo del cine, la televisión y las nuevas tecnologías. También se extiende, en el caso de Luis Murillo Moreno, al terreno de la literatura de entretenimiento con la saga Dan Foster, de la...Read more »
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lunes, 28 de octubre de 2013

CURRICULUM MORTIS, por fín en Amazon.

Todo llega, amigos. 
Ya tenéis en Amazon por un módico precio la edición digital de CURRÍCULUM MORTIS, segunda entrega de la saga Dan Foster que inicié con LA PÚRPURA NEGRA. Aprovechando que  se ha cumplido el cincuentenario de la muerte del presidente Kennedy, es una excelente ocasión para saber qué ocurrió realmente, o pudo ocurrir,  en el magnicidio de Dallas.
CURRÍCULUM MORTIS es un thriller histórico que plantea una apasionante hipótesis: la relación existente entre el asesinato de JFK y la misteriosa muerte de Marilyn Monroe...
Pero, ¿de verdad..., de verdad..., de verdad... están muertos?
Para abrir boca...


Dan Foster, tras haberse infiltrado en el Vaticano para escribir LA PÚRPURA NEGRA, viaja a Estados Unidos para investigar el fenómeno de los “asesinatos múltiples” en las universidades norteamericanas con objeto de publicar un nuevo libro. 

Mientras se documenta sobre dicho tema, desaparece en Nueva York la doctora Nuria Serra, sobrina de la directora de su editorial. Foster decide buscar a la joven y comienzan a sucederle una serie de extraños acontecimientos que le llevan a una efervescente sospecha: detrás de dicha desaparición existe una historia mucho más apasionante que la de los “asesinatos múltiples”.

Se centra por completo en esta investigación y pronto descubre una increíble cadena de crímenes, algunas de cuyas víctimas tienen relación con el asesinato del presidente Kennedy y otras con el fallecimiento de la actriz Marilyn Monroe.
Pero...
―¿Qué sabían las víctimas de dichas muertes para ser asesinadas medio siglo después de aquellos luctuosos sucesos…?

―¿Qué ocurrió de verdad en Los Ángeles, en la casa de Marilyn Monroe,  la noche del 4 al 5 de agosto de 1962…? 
 

―¿Y en Dallas la mañana del 22 de noviembre de 1963…? 

Tras sortear numerosos peligros, Dan Foster logra esclarecer lo que, a lo largo de cincuenta años, no habían conseguido descubrir varios centenares de investigadores: tanto policías y detectives privados como escritores, historiadores y periodistas.

CURRÍCULUM MORTIS... la historia más audaz jamás imaginada. 

CURRÍCULUM MORTIS (Dan Foster)

CURRÍCULUM MORTIS es pura literatura de entretenimiento. Garantizado el interés desde el  principio hasta la última palabra.
                      


EDICIÓN IMPRESA
También podéis recibir ejemplares de la edición impresa en vuestro domicilio, firmados por el autor, con un 25% de descuento y con los gastos de envío gratis. 

Para ello bastará que ingreséis 15 euros en la cuenta 0182-2253-13-0208010719 del BBVA, poniendo en el apartado "texto" del impreso bancario la palabra "Novela" y vuestro nombre. 

A continuación, mandad un email a creamundi@gmail.com consignando en él la fecha del ingreso, vuestro nombre y dirección postal,  y en dos-tres días recibiréis la novela en vuestro domicilio.  

Si deseáis que el ejemplar esté dedicado a una persona diferente a quien hace la compra, hacedlo saber en el email.


sábado, 28 de septiembre de 2013

¿CUÁNDO LEYÓ EL PAPA FRANCISCO "LA PÚRPURA NEGRA"? ¿ANTES O DESPUÉS DEL CÓNCLAVE?

No pasa día sin que reciba uno o varios emails, o bien llamadas,  en relación a las increíbles coincidencias del papa Francisco con Adriano VII, el protagonista de LA PÚRPURA NEGRA.
 
Después de leer algunas de sus declaraciones respecto al aborto, el divorcio y  la homosexualidad, y sobre todo  la reciente entrevista concedida por el  pontífice a la revista "La Civiltá Cattólica", todo un compendio de su pensamiento, me atrevo a recordar uno de los pasajes más importantes de la novela: la homilía  en la que Adriano VII expone sus reformas a los católicos de todo el mundo.
 
Comparando ambos textos, cabría preguntarse: ¿Había leído la novela el cardenal Bergoglio antes de entrar en el cónclave? ¿O la ha leído después?
 
Lean y comparen con los discursos y declaraciones papales.

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Al iniciarse el canto del Kirie, Su Santidad Adriano VII sufrió el estremecimiento de una emotiva sorpresa y miró complacido hacia su izquierda, detrás de los dignatarios civiles, donde se encontraba el coro. No actuaba la Capilla Musical Pontificia, habitual en las ceremonias papales, sino la Camerata Exaudi, una agrupación sinfónico-coral de la Universidad Católica Argentina. Nacida en los difíciles años del “corralito”, se había ofrecido al Vaticano para cantar la obra polifónica preferida del cardenal Mendoza: la excelsa, memorable y conmovedora Misa de la coronación, compuesta por W. A. Mozart en los primeros meses de 1779.

La celebración eucarística se transmitía a todo el mundo de manera impecable, como siempre, por el CTV (Centro de Televisión del Vaticano), que desde hacía treinta años daba señal a cuantas cadenas solicitaban las imágenes de los actos religiosos. Unas retransmisiones que no tenían nada que envidiar, a nivel creativo, a las míticas celebraciones realizadas por Franco Zeffirelli para la RAI en los años sesenta del pasado siglo.

Tras el Gloria y las lecturas de las epístolas y del evangelio, el Santo Padre tomó asiento para la homilía y el maestro de ceremonias le alargó una carpeta anillada. Gracias a un primerísimo plano de la cámara, los espectadores pudieron ver que las hojas se hallaban escritas a mano. Este dato enseguida llamó la atención de los comentaristas religiosos, ya que explicaba el hecho de que no hubieran recibido el texto por adelantado, como era la costumbre.

Carissimi sorelle e fratelli

Tras saludar en italiano, inglés, español, francés y alemán, prosiguió en el idioma de Dante y Petrarca:

Hace veintiún siglos que Cristo fundó su Iglesia en la persona del apóstol San Pedro. Desde entonces, unas veces mejor y otras peor, ha ido cumpliendo su misión de extender el mensaje del Salvador por el mundo, y de guiar la vida de sus fieles hacia el encuentro con Dios Padre en el Cielo.

Tosió levemente y guardó durante breves segundos un silencio retórico, al tiempo que fruncía los labios y se los humedecía con la punta de la lengua.

Veintiún siglos, más de dos mil años, es mucho tiempo y tal vez ha llegado el momento de plantearse una serena reflexión sobre algunos aspectos de la Iglesia que, en nuestra humilde opinión, no están en consonancia directa, o derivada, con las enseñanzas evangélicas.

Esta insinuación de posibles cambios eclesiales despertó, de inmediato, un gran interés en cuantos entendían el italiano y seguían in situ la homilía en la emblemática plaza del catolicismo, o bien a través de la radio, la televisión e internet. Pero, sobre todo, puso en estado de alerta a la totalidad de los estamentos eclesiásticos: cardenales, obispos, sacerdotes diocesanos y órdenes religiosas. Y de manera especial, erizó una inquietante sospecha en algunos dignatarios de la curia romana que participaban en la ceremonia.

Los aspectos que, pensamos, se deben corregir voy a concretarlos, hermanos, en siete puntos que ofrezco a vuestra consideración. Necesariamente será una exposición esquemática que, por supuesto, se ampliará y matizará en su día en los documentos correspondientes…

>Es muy importante que la Iglesia del siglo XXI facilite el sacramento del matrimonio a todos los católicos sin distinción alguna. Hasta ahora nuestra institución siempre ha definido al matrimonio como la unidad de amor entre un hombre y una mujer. Sin embargo, la medicina y la psicología nos dicen hoy que la praxis homosexual no es una enfermedad ni una desviación psicopatológica. En consecuencia, y ante la aceptación social de los homosexuales, creemos que el concepto matrimonial deberíamos ampliarlo a la unión de dos personas adultas, sean del sexo contrario o del mismo sexo. Esto quiere decir que la Iglesia no sólo no debe condenar el amor entre dos hombres o dos mujeres, sino que debe bendecirlo si deciden unirse en matrimonio.

El anuncio papal, a Sangre fría, de que la Iglesia debería aceptar los matrimonios homosexuales confirió de pronto un interés inusitado a la homilía del Santo Padre. Lo que en principio iba a ser, como en ocasiones similares, una declaración de principios protocolarios en términos generales, tanto teológicos como pastorales y doctrinales, de pronto se convertía en una auténtica revolución moral.

El segundo punto que sometemos a la consideración del Pueblo de Dios es la sexualidad, un tema que siempre ha sido tabú para la Santa Madre Iglesia. Se le ha tenido siempre miedo, hemos visto en ella una fuente inagotable de pecado y, en base a esta concepción maldita, en lugar de aprovechar su potencialidad positiva, hemos intentado reprimirla. Esta represión nos ha llevado a situaciones auténticamente ridículas, a veces delirantes, y lo que es peor… Con frecuencia ha causado graves trastornos psicológicos a numerosas personas que les han llevado a la práctica de lo que se conoce como aberraciones sexuales.

>Creo, hermanos, que no debemos cargar de culpa el uso racional de la sexualidad en parejas jóvenes y adultas, siempre y cuando se ejerza con libertad por ambas partes. Sólo se debe considerar pecado la violación, la consecución de favores sexuales por cualquier tipo de poder, así como la pedofilia por el daño casi irreparable que se les causa a los niños. No podemos olvidar que el deseo sexual es un instinto que forma parte esencial de nuestro ser. El Creador lo ha puesto en nuestros cuerpos y mentes para que lo usemos, por supuesto con responsabilidad, de la misma manera que ha puesto otros instintos que necesitan ser saciados racionalmente, como el apetito y la sed.

>Sí debe considerarse pecado el practicar sexo con una persona cuando se está unida a otra, bien por matrimonio o por cualquier otro tipo de compromiso. Pero es pecado no por el acto sexual en sí mismo, sino porque supone una cruel traición, una incalificable falta de lealtad hacia esa otra persona.

>Todo esto presupone que la sexualidad no tiene como función principal la procreación, como hemos venido predicando hasta ahora, sino el reforzamiento del amor por el placer y, derivado de este amor, una paternidad responsable. En consecuencia, creemos lícito el uso de cualquier método anticonceptivo siempre y cuando no dañe la salud física o psicológica de quien lo utilice, sea hombre o mujer. En concreto, y desde este mismo momento, no sólo autorizamos sino ordenamos en nombre de Jesucristo el uso del preservativo en todas aquellas relaciones de riesgo donde un hombre o una mujer pueda transmitir a su compañero o compañera cualquier tipo de enfermedad sexual y, de manera especial, el sida.

Al escuchar lo anterior, los cardenales, obispos y sacerdotes del Tercer Mundo, sobre todo los africanos, respiraron aliviados ante el giro copernicano de la doctrina eclesial. La prohibición del preservativo por la moral católica había resultado muy nefasta para las comunidades cristianas en el continente negro, donde la incidencia del sida resultaba pavorosa a la vista de las estadísticas anuales facilitadas por la Organización Mundial de la Salud.

En tercer lugar, queremos referirnos al espinoso problema del aborto… Obviamente, el ejercicio libre de la sexualidad, a pesar de estar permitidos los métodos anticonceptivos, producirá embarazos no deseados que llevarán a muchas parejas a recurrir al aborto. La Iglesia, hoy por hoy, considera ser humano con todos sus derechos a cualquier embrión y, en consecuencia, la eliminación del mismo tiene para ella la calificación moral de pecado grave ya que equivale a un asesinato.

»Sin embargo, hermanos, creemos que sería conveniente, para despejar cualquier duda, que profesionales médicos, creyentes y no creyentes, nos ayudaran a tener claro cuándo hay que considerar ser humano al embrión. ¿Desde el momento en que se unen el óvulo y el espermatozoide? ¿Pasada una semana, pasado un mes, tres meses…? Voy a plantear el problema con un pequeño ejemplo, aun a riesgo de ser simplista… ¿Es lo mismo destruir un frondoso árbol con ramas y frutos, que destruir una pequeña semilla que, con el tiempo, se podría convertir en ese gran árbol?

»Pero advierto, para que mis palabras no induzcan a error a nadie, que yo, Adriano VII, el Papa, condeno el aborto como un crimen execrable, donde la responsabilidad no sólo atañe a quienes participan en él, sino también a los legisladores que lo amparan. Pero deberíamos esforzarnos en establecer, con argumentos biológicos incontestables, en qué momento y por qué el embrión se convierte en un ser humano de pleno derecho.

Si ya la aceptación del matrimonio homosexual encerraba una auténtica bomba, si la despenalización moral de la práctica sexual libre y de los anticonceptivos suponía un cambio radical en el pensamiento de la Iglesia, la duda sobre la entidad del embrión como ser humano integral terminó por desestructurar las concepciones religiosas de los católicos convencionales.

Las miradas hinchadas de estupor entre algunos dignatarios de la curia romana, Leone, Perosi y Fontana entre ellos, reflejaban una indignación incuestionable. E igual sucedía entre muchos de los obispos que asistían a la ya histórica ceremonia. Sus semblantes desencajados semejaban un libro abierto donde se podían leer todas sus consternadas elucubraciones. ¡Cómo se le ocurría plantear temas tan espinosos sin una deliberación previa en la cúpula eclesiástica! ¿Había consultado con alguien? ¿Era una iluminación divina o una posesión demoníaca? ¿Un visionario de una Nueva Iglesia o un insensato? ¿O tal vez sólo era un golpe de efecto mediático para borrar su poco brillante nombramiento y la tibieza con la que había sido acogida su elección a nivel mundial…? Y sobre todo, ¿cómo se le ocurría plantear aquellos temas en un momento y lugar tan inoportunos?

Hermanos, nuestra cuarta propuesta afecta también a la sexualidad, pero ahora en relación al clero… En la actualidad, el celibato es obligatorio para que un hombre pueda ser ordenado sacerdote. Esta norma ha dado excelentes resultados a lo largo de la Historia porque la liberación de las cargas familiares ha permitido a los clérigos dedicarse de forma más intensa a las labores pastorales. Sin embargo, al ser un requisito indispensable, ha generado también numerosos problemas, tanto a los sacerdotes como a la comunidad. A los sacerdotes, porque en muchas ocasiones no han podido soportar la carga del celibato y esto les ha originado graves conflictos psicológicos y morales que, en situaciones extremas, han llegado a ser tan nefastos como los casos de pederastia que desgraciadamente conocemos. Y a la comunidad, porque el celibato impide a muchos hombres consagrarse a Dios y esto repercute de manera directa en el brutal descenso de vocaciones sacerdotales que padecemos, propiciando que muchas parroquias carezcan en la actualidad del pastor que necesitan.

»De acuerdo a todo lo anterior, parece más acorde con la realidad actual y el sentido común que el celibato sacerdotal sea una opción personal y no una imposición eclesiástica, como ya ocurre en algunas Iglesias de los hermanos separados.

La anulación del celibato obligatorio, comparada con las propuestas anteriores, resultaba pecata minuta. Desde los años 80, y ante la crisis de vocaciones y los escándalos de pederastia aireados en Estados Unidos y otros países, no sólo los sectores progresistas de catolicismo, también los movimientos más centristas, habían cuestionado teológica y pastoralmente la virtualidad de su obligación.

Nuestra quinta propuesta se refiere a la situación de la mujer en la comunidad cristiana… A pesar de sus espectaculares avances sociales en el pasado siglo, la mujer todavía ocupa puestos muy retrasados con respecto al hombre. En la Iglesia, esta desigualdad adquiere cotas de auténtico escándalo por más que la dulcifiquemos apelando al papel capital que Santa María la Virgen, Madre de Dios, tiene en el cristianismo, y de manera especial en la liturgia y en el calendario religioso.

»La realidad es que la mujer está muy discriminada por la Iglesia desde el momento que tiene vedado el acceso a puestos de responsabilidad. Pues bien, ha llegado el momento de eliminar este veto y aceptar la igualdad total con respecto al hombre. En consecuencia, pensamos que Dios vería con buenos ojos que la mujer pudiera ser ordenada sacerdote u obispo, ser elegida cardenal y, si fuera voluntad del Espíritu Santo, acceder a ocupar la cátedra de San Pedro. ¿Se atrevería alguien a sostener hoy, con argumentos sólidos, que la mujer debe seguir siendo la cenicienta de nuestras parroquias…?

El anuncio de la igualdad, a todos los efectos, de la mujer y el hombre en la Iglesia fue acogida con fervoroso entusiasmo por la audiencia femenina que seguía la ceremonia. De manera especial, por los sectores más cercanos a los estamentos eclesiales como eran las religiosas, tanto conventuales como seglares, así como por las asociaciones femeninas parroquiales. Y, por supuesto, suponía un gran espaldarazo moral para los movimientos feministas, tanto creyentes como agnósticos.

Nuestra sexta propuesta, hermanos, quiere llevar la paz y la tranquilidad de conciencia a muchos cónyuges cristianos… La vida en pareja, más en concreto el matrimonio, y de manera especial el matrimonio canónico, conlleva alegrías, muchísimas alegrías, pero también problemas... Problemas graves de convivencia que, a veces, incluso habiendo hijos, y precisamente por ellos, para que no vivan estas situaciones desagradables, aconsejan la separación de los contrayentes. Pero la Iglesia católica no permite que los cónyuges vuelvan a contraer matrimonio canónico. No creemos razonable aceptar que un error, previo o devenido, marque para siempre la vida de dos seres humanos. Y si Cristo proponía perdonar no siete veces, sino setenta veces siete, ¿quiénes somos nosotros para condenar a la soledad espiritual a los miembros de los matrimonios separados? Por este motivo, parece no sólo acorde con el espíritu evangélico, sino también con el consenso social y con los dictados de la experiencia y de la razón, el permitir un nuevo matrimonio católico a quienes deseen volver a casarse.

Antes de que Adriano VII finalizara su explosiva homilía, la excitación se había apoderado de todos los medios informativos. Los redactores telefoneaban enfebrecidos a personas relevantes de la Iglesia en busca de alguna declaración, mientras los reporteros se lanzaban a la calle, cámara y micro en mano, para conseguir opiniones de ciudadanos católicos y no católicos. Un incesante frenesí con el fin de poder ofrecer, en los noticiarios del mediodía, la mayor información posible sobre el bombazo periodístico que estaba protagonizando el nuevo Papa en la misa que inauguraba su pontificado. Y por supuesto, todas las redes sociales sembraban de variopintos comentarios el infinito mundo de internet.

Por último, quiero centrarme en la labor más importante y más urgente que desarrolla el catolicismo en el Tercer Mundo: la atención a los pobres y a los enfermos… La Santa Madre Iglesia debe la razón de su existencia al evangelio, al mensaje de Jesús. Y la esencia de ese mensaje es la hermandad entre todos los hombres. Esto implica un compromiso solidario con ellos y, de manera especial, con los más desfavorecidos, sin mirar su credo religioso, ni el color de su piel, ni sus ideas políticas ni sus países de origen.

»En otras palabras, si la Iglesia católica no es la Iglesia de los necesitados, Cristo no se puede reconocer en ella. Hoy, la presencia de los misioneros católicos en los países pobres es de un valor humano y un heroísmo cristiano incuestionables. Por otra parte, la ayuda eclesiástica a los desheredados que llegan del Tercer Mundo es modélica. Pero esto, hermanos, con ser mucho, no es suficiente. Tenemos que comprometernos más, mucho más. Hoy por hoy, en numerosas naciones de la Tierra, el único evangelio que se puede predicar es la lucha contra la miseria, la enfermedad y la incultura. Y ahí, en esos centros de dolor, la Iglesia tiene que redoblar su presencia…

»Pero para que la lucha contra la miseria, la enfermedad y la incultura sea eficaz, se necesita dinero, mucho más del que aportan los gobiernos en ayudas al desarrollo. Y, sobre todo, es necesario que se gestione mejor para que lleguerealmente a los necesitados. Por este motivo, en nombre de Cristo, que no tenía donde reposar la cabeza, propongo que su Iglesia tampoco tenga “donde reposar la suya”.

El silencio en el inmenso óvalo de piedra era absoluto. Las quinientas mil personas que se apretujaban en la plaza y alrededores miraban con fijeza, como hipnotizadas, al hombre que acababa de imprimir un nuevo giro a la Historia. Por su parte, los altos dignatarios eclesiásticos, especialmente el lobby de la curia romana, cruzaban miradas aterradas por la bomba de relojería que Su Santidad Adriano VII estaba colocando, no en los cimientos sino en algunos de los muros poco edificantes sobre los que se sostenía la Iglesia desde hacía muchos siglos. En medio de esta expectación, el nuevo sucesor de Pedro prosiguió.

La Iglesia posee innumerables tesoros artísticos en forma de cuadros, esculturas, coronas de vírgenes y cristos, crucifijos, mantos, jarrones, cálices, joyas donadas por millones de fieles y, sobre todo, numerosos edificios religiosos y no religiosos. En Occidente, la Iglesia es rica, muy rica, multimillonaria en oro, plata y en todas las modalidades de obras de arte… Me pregunto y os pregunto: si Cristo viniera hoy a la Tierra, ¿reconocería a su Iglesia, la que él fundó con Pedro y los demás apóstoles…? Si entrara en muchos de nuestros templos, ¿se sentiría como en su casa…? Estoy seguro que no. No se vería representado en esos cristos crucificados con cuatro clavos de oro y una corona de espinas también de oro… Ni tampoco identificaría a su Santa Madre viéndola arropada con esos mantos de terciopelo repujados de piedras preciosas. Cristo se escandalizaría igualmente de que su Sangre descasara en cálices de oro incrustados de diamantes y que su presencia en los sagrarios esté ornamentada también con metales preciosos… ¿Creéis que Jesús, y perdonadme que vuelva a insistir, el que nació en Belén, el hijo de María, el que pregonó las bienaventuranzas, el que murió en la cruz entre dos ladrones…,creéis que es el mismo Cristo al que rendimos culto en nuestras impresionantes catedrales y en nuestras espectaculares iglesias?

Tras esta larga y trascendental pregunta, una auténtica jabalina contra la conciencia de la jerarquía eclesiástica, Su Santidad lanzó otra pregunta aún de mayor calibre.

¿No creéis, queridos hermanos, que deberíamos estudiar la manera de que todas las riquezas superfluas de la Iglesia se conviertan en medicinas y hospitales, en escuelas y en promoción de empleo para las regiones más pobres de la Tierra…?

>¿Qué necesidad hay de que el Papa habite en un palacio como éste? ¿Por qué no puede vivir algún día en una favela de Brasil, en una choza africana o en una casa de barro en India?

El silencio que siguió a este insólito planteamiento duró exactamente dieciséis segundos. Justo el tiempo que empleó Su Santidad en panoramizar con la mirada por el impresionante auditorio que tenía frente a él, empezando por el campo sembrado de solideos episcopales y finalizando por las autoridades civiles ubicadas a su izquierda.

Soy plenamente consciente de que las siete propuestas que he esbozado suponen un giro muy brusco de la Iglesia. Sé que van a ser objeto de un profundo rechazo por algunos sectores jerárquicos, institutos religiosos y asociaciones de fieles. Voy a escucharlos a todos, pero bajo dos condiciones. La primera, que demuestren que los cambios propuestos están, en parte o en todo, en contradicción con el espíritu y la letra del evangelio de Cristo. Y en segundo lugar, que no apelen al argumento de la tradición eclesiástica. La tradición en la Iglesia tiene un gran valor a nivel teológico y pastoral, pero nunca puede usarse para convertir el pasado en un dogma inamovible.

»Estoy seguro de que se van a levantar voces autorizadas, tanto de seglares como de eclesiásticos, pidiendo un estudio más reposado de cada tema, incluso que piensen que para un cambio tan amplio debería convocarse un concilio ecuménico…

»También voy a escucharles, pero quiero que reflexionen sobre lo siguiente: un concilio ecuménico lleva muchos años de preparación y un considerable gasto para la Iglesia. Resulta más práctico crear una comisión que concrete en un documento, lo más claro y breve posible, las propuestas que acabo de exponer. Luego, ese documento entrará en una fase de estudio y discusión por parte de los fieles que lo deseen a través de los consejos parroquiales y otros foros. Y, finalmente, el citado documento, recogidas las sugerencias pertinentes, será sometido punto por punto a la votación de los católicos. Y lo que diga el Pueblo de Dios, seguro que será la voz de Dios.

La introducción del sistema democrático en la Iglesia, acabando con veintiún siglos de poder omnímodo de Roma, fue el bombazo final a una homilía que de “homilía” sólo tenía el nombre. Era un discurso programático y casi neofundacional en toda regla. Un auténtico tiro de gracia a la moral tradicional, de consecuencias imprevisibles, y un demoledor golpe de estado a la estructura piramidal de la Iglesia. Y todo, en poco más de veinte minutos.

El efecto de las propuestas papales entre los príncipes de la Iglesia presentes en la ceremonia quedaba patente a través de los primeros planos y “barridos” que las cámaras de televisión efectuaban por Sus Eminencias. Algunos exhibían expresiones de auténtico pavor, otros apretaban las mandíbulas por la ira y, en la mayoría, el desconcierto más absoluto se había convertido en su segunda epidermis.

No quiero terminar sin poner bajo el manto protector de Santa María la Virgen, en su advocación de Nuestra Señora de la Libertad, los cambios que hemos apuntado. Cambios que tienen un único denominador común: liberar a mujeres y hombres de problemas innecesarios, promoverla igualdad y hermandad de todos los seres humanos y potenciar el mensaje solidario de Cristo. Porque, queridos hermanos, no basta con no hacer el mal… Un cristiano, no lo olvidéis nunca, tiene la ineludible obligación de hacer el bien.

Seguidamente, Adriano VII se levantó con marcada solemnidad, cerró los ojos durante unos segundos, luego los abrió con una mirada transfigurada y entonó:

¡Credo in unum Deum…!

Todos los asistentes a la eucaristía se pusieron en pie para la profesión de fe y la Camerata Exaudi prosiguió con el electrizante credo de la mozartiana Misa de la Coronación. Mientras la formación sinfónico-coral argentina desgranaba los toboganes de notas creadas por el genio de Salzburgo, el mundo católico comenzaba a sentir los efectos de un seísmo espiritual cuyo epicentro se asentaba en las palabras pontificias que acababan de escuchar. Efectos de consecuencias totalmente imprevisibles ya que se abrían las puertas y las ventanas de la Iglesia, de par en par, a la libertad responsable de pensamiento y de costumbres.

Aquella homilía tuvo otros efectos…

Una mujer, agnóstica hasta entonces, rogó con angustia a Dios que protegiera al Santo Padre contra las furias que, de manera inevitable, iban a desatarse sobre él a corto plazo. A cambio, le ofreció el mayor sacrificio que se le puede pedir a alguien en este mundo: el tormento de renunciar al amor de la persona amada.

Esa mujer se encontraba sentada en una silla de tijera en el lateral derecho del obelisco. Vestía traje de pantalón oscuro con camisa crema y ocultaba la tristeza de sus ojos enamorados tras unas gafas de sol con cristales azul-oscuro.

Era Claudia Patricia Montini de Angelis.

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